
(Pintura de Guillermo Vazquez Zamarbide)
"...Hagamos pues un Dios a semejanza de lo que quisimos ser y no pudimos. Y claro, lo deseamos y vino. Y nos salió morocho, glorioso, engominado, eterno como un Dios o como un disco. Se entreabrieron los cielos de costado y su voz nos cantaba: mi Buenos Aires querido." Humberto Constantini. Es una extensión de www.elortiba.org